ORGANIZACIÓN SOCIAL DE LOS EMBERA

La estructura social Emberá está basada en familias extensas – padres, hijos,  cónyuges, nietos – en un sistema de parentesco que reconoce parientes tanto por línea paterna como materna. El conjunto de familiares de un individuo es de unos cuatro grados de consanguinidad, lo que constituye una parentela. No hay otro tipo de grupo como linajes o clanes. Según sus normas sociales, está prohibido unirse en matrimonio con algún miembro de la parentela o con alguna persona no indígena.

El control social interno está en manos del jefe de familia, por lo general el más anciano, quien orienta el lugar del asentamiento, asigna terrenos para los miembros de la familia y resuelve aquellos conflictos que son de su injerencia, pues los conflictos generados por delitos culturales los tratados por el respectivo cabildo.

De todo el conjunto de la parentela (toda la familia del padre y toda la de la madre) hay subconjuntos que viven en una misma localidad; estas parentelas locales constituyen la base de la organización social de los Emberá, los cuales se organizan en un sector del río o una vereda habitada por una serie de familias emparentadas entre si. Son sectores de río o veredas, pues no hay agrupaciones de vivienda sino habitaciones dispersas.

Cada vivienda es ocupada por una familia que atraviesa algún momento del ciclo de existencia de la familia extensa: una pareja construye una casa y con el tiempo los hijos o hijas mayores que se unen en matrimonio siguen residiendo allí con los hijos que van naciendo, hasta que la casa se hace estrecha y alguna de las jóvenes parejas decide construir una nueva para reiniciar el ciclo.

La parentela local es también exponente de un momento del ciclo, algunos miembros migran y otros se incorporan. La tierra se hereda por proximidad consanguínea, o sea que los cónyuges viudos no pueden heredar tierra para si en dominios de la parentela con cónyuge fallecido, puesto que la tierra es heredada por los hijos.

Se reconoce la posición individual sobre las parcelas cultivadas. Las parentelas no poseen tierras en común aunque procuran que no se establezcan personas ajenas (sin vínculo de parentesco) dentro del sector territorial parental.

En la práctica la organización social gira alrededor de grupos locales de parientes y vecinos, habitantes de una cuantas viviendas cercanas, quienes participan de actividades sociales comunes como mingas (trabajos colectivos) y fiestas. Pero los límites tanto de los grupos sociales como de los territorios no tienen una definición muy estricta.

Por otra parte, la figura del Jaibaná también cumple una labor trascendental en la organización social. Aunque no tiene poderes políticos dentro de la comunidad, su conocimiento de los Jai o esencia de los seres y las cosas, le permite tener un reconocimiento que se extiende a lo largo y ancho de la región. Esperanza Pacheco, asesora de la Organización Regional Indígena Emberá – Waunaan (OREWA), sostiene que en zonas como el medio Baudó los cabildos aún recurrido al Jaibaná para que aporten en la resolución de conflictos y delitos culturales.

A comienzo de los años ochenta surgen nuevas formas de organización, producto de la fuerza que toma el movimiento indígena en el ámbito nacional. En la región del Chocó nace la OREWA como organización regional que entra, por un lado, a manejar la relación de las comunidades Emberá y Waunaan con el resto de la sociedad y, por el otro, a diseñar políticas y estrategias que les permita a las etnias preservarse como grupo. Gracias al trabajo de la OREWA figuras como la del cacicazgo, fundamentales para la organización, comenzaron a ser remplazadas por los cabildos locales y zonales, permitiéndoles a las comunidades exigir titulación de tierras, educación, salud, programas de producción y mecanismos legales para enfrentar los conflictos con actores externos que amenazan el territorio.

Inicialmente surgieron los cabildos locales, cuyos miembros son elegidos por la comunidad, escogiéndose, por lo general, a personas jóvenes que saben leer y escribir; manejan la lengua española y que se destacan como líderes. Empero, la dispersión y lejanía de dichos cabildos obligaron a promover los cabildos mayores, buscando cubrir varias comunidades.  Aunque la figura del cabildo es esencial para las relaciones externas de la comunidad, en su interior su desarrollo depende altamente de las autoridades tradicionales para establecer formas de control social [1].

Aunque la figura del cabildo ha generado conflicto y problemas culturales, romper cierta estructura oral o desplazar los centros de poder a las personas más jóvenes [2], ha sido trascendental para hacer valer los derechos de las comunidades indígenas. Para Esperanza Ramírez lo importante es que los indígenas comprendan que las transformaciones culturales son inevitables e irreversible, pues los procesos económicos y sociales influyen en los patrones culturales. Ahora miremos el surgimiento de la OREWA como organización indígena regional en el Chocó.

 

OREWA

Surge de una organización juvenil de indígenas estudiantes en Quibdo a comienzos de los años ochenta, bajo la influencia de un grupo pastoral claretiano que trabajaba bajo una línea ecumenista y de liberación. Con apoyo y asesoría del Centro de Pastoral Indígena, la OREWA fue formando líderes que, relacionados con otras organizaciones regionales del país como el CRIC o el CRIT, fueron sentando las bases de un proceso organizativo que representa a casi 200 comunidades indígenas del Chocó.

En un contexto en el que las organizaciones y el movimiento de izquierda no lograban comprender la reivindicación específica del movimiento indígena, la OREWA, al igual que otras organizaciones indígenas, configura como paradigma de lucha la recuperación de los territorios ancestrales, la autonomía, la vigencia de su cultura y la unidad de los indígenas chocoanos: Emberá y Waunaan.

La OREWA ha organizado cabildos y autoridades indígenas en todo el territorio chocoano.  Ha gestionando la legalización de miles de hectáreas de tierra como resguardos. En su línea de acción tiene programas en las áreas de salud, producción, educación, capacitación y programas agrícolas, tratando de dar salida a las necesidades en cada sector. Dentro de sus logros más valiosos está el haberse constituido en un interlocutor incuestionable de los pueblos Emberá y Waunaan, pendiente y crítico frente a la acción estatal. 


[1] PACHECO RAMÍREZ, Esperanza. “Relaciones Interétnicas de los Emberá del Bajo Chocó”. En Encrucijadas de Colombia Amerindia. Instituto Colombiano de Antropología y Colcutura. Bogotá, 1993. Pág 271. 

[2] PACHECO RAMÍREZ, Esperanza. Pág 272.


   

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