MUJER INDÍGENA
EN LA ENCRUCIJADA DE LA CULTURA

Por: Olga Luz Restrepo
"Abia Dueño de la noche, no tuvo padre; del vientre de su madre, sin necesitar un hombre, engendró su hijo; fue rápido que lo engendró, rápido que lo parió. Después de su nacimiento, al día siguiente, ya había crecido; muy rápido se hizo hombre, así empezó él, así decían los antiguos..."

 

En Colombia existen unos 700 mil indígenas, de los cuales aproximadamente el 49% son mujeres.  Sus procesos de organización y lucha, aunque datan de la época de la conquista, han tomado mayor fuerza y coherencia en los últimos veinte años durante los cuales se han consolidado organizaciones de diverso orden con fines reivindicativos y de autogestión, bajo los principios unidad, tierra, cultura y autonomía.

Con la Constitución de 1991 se crearon las bases para la participación activa de los indígenas en la vida política e institucional del país. Es así como mediante la circunscripción especial se asegura su presencia en el Congreso de la República y se consagran para estas comunidades derechos étnicos, culturales, territoriales, de autonomía y participación que cambiaron el curso de su historia: Se reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana; la igualdad y dignidad de todas las culturas como fundamento de la identidad nacional; las diferentes lenguas que se hablan en nuestro país como lenguas oficiales en sus territorios; la educación bilingüe para los grupos étnicos y la doble nacionalidad para los pueblos indígenas que viven en zonas de frontera.

Sin embargo, este marco de derechos formales que distan mucho de ser una realidad para las comunidades, tampoco son percibidos de igual manera por toda la población indígena, pues más de la mitad de ella, las mujeres, no tienen el mismo acceso a sus beneficios y permanece en el olvido.  Para ellas no hay reconocimientos.  Han sido invisibles y lo serán mientras sean ignoradas por la historia, por sus organizaciones, por el Estado y sus políticas, mientras se desconozca su situación, sus roles, su aporte al desarrollo de las comunidades y su contribución a las luchas de resistencia étnica y cultural.

Diferencia en la diferencia

La mujer indígena tiene particularidades étnicas y culturales que la diferencian del resto de la población femenina de este país. Su situación económica y social en las comunidades, así como el marco de sus relaciones de género no han sido estudiadas ni cuantificadas. Hay invisibilidad de su aporte a la construcción, desarrollo y mantenimiento de su cultura en la mayoría de los estudios, investigaciones y proyectos de desarrollo, en las evaluaciones, en los programas, proyectos y políticas de Estado.

Desde hace algunos años, ha sido una constante la preocupación de mujeres indígenas por pensarse en su contexto.  Es así como durante el Tercer Congreso de la ONIC, 140 mujeres se reúnen para analizar su situación, sus dificultades, necesidades y plantear inquietudes relacionadas con su rol en la vida comunitaria y organizativa.  En aquel entonces, ellas detectan como principales ejes de conflicto la discriminación social respecto al hombre; la falta de educación; la migración hacia las ciudades en donde la mayoría encuentra el trabajo doméstico como única alternativa de empleo; el maltrato y abuso por parte de sus compañeros. Estos enunciados generales -aún vigentes- no se han considerado en su profundidad, ni mucho menos tenido en cuenta para el accionar de las organizaciones o de las instituciones.  Sin embargo, a pesar de haber quedado en el vacío como "flaca queja de mujeres", evidencian serios problemas en las relaciones de hombres y mujeres que deben ser abordados.

Aunque es difícil encontrar información específica sobre la situación de estas mujeres en los estudios antropológicos sobre comunidades indígenas y no existen "análisis de género" sobre las mismas, apartes de un estudio señalan la tendencia a ubicar a la mujer como reproductora y garante del mantenimiento de la etnia, ejerciendo una gran presión sobre ella e impidiendo su desarrollo en otros roles:

"...la mujer emberá se halla en la encrucijada de la cultura, por lo cual, a costa de la potenciación máxima de su fuerza generatriz -que la erosiona desgastándola con sucesivas maternidades-, deba ella responder al ideal de una fertilidad intermitente indicada como norte por el ethos de una sociedad que probablemente se la representa como estrategia para eludir el albur de la extinción." (alcaráz, et al, 1985: 240).

Según el diagnóstico realizado por la Organización Indígena de Antioquia -OIA- en las comunidades indígenas de este departamento, uno de los aspectos más relacionados con los conflictos internos de la comunidad es el de la esfera familiar.  Se señalan problemas como la irresponsabilidad de los padres en relación con los hijos, el aborto, la infidelidad, el maltrato a las mujeres, dificultades en el manejo de herencias, etc., que al no encontrar solución dentro de la esfera familiar deben ser resueltos por la autoridad del Cabildo.  Aunque ambos aspectos no se desarrollan mayormente en el estudio mencionado, sí reflejan la existencia de una problemática de género que conviene examinar.

Pero así como la mujer indígena se diferencia de la de otros sectores en su cultura, sus formas de organización, experiencia para enfrentar las dificultades y necesidades, el rol de la mujer en cada comunidad, su posición y condición presenta variaciones según sus particularidades étnicas y culturales.  Es así como encontramos comunidades como la Wayuu, donde se identifican como miembros de agrupaciones de parientes uterinos, las mujeres son jefes de los clanes, son las palabreras o negociadoras de la comunidad y asumen su vocería y representación en los conflictos, -lo que no obvia la presencia de relaciones de subordinación que deben ser analizadas-;o comunidades como las Embera en donde las mujeres señalan dificultades para participar en la toma de decisiones.

Entre los Paeces, por ejemplo, la mujer asume las labores domésticas mientras los hombres se dedican a las del campo, pero igualmente pueden cambiar y asumir las responsabilidades del otro. A una edad que oscila entre los 14 y 15 años, las mujeres de la comunidad buscan compañero sexual y no son repudiadas por la familia o la comunidad. Con facilidad ellas abandonan el hogar dejando los hijos bajo el cuidado del padre. Las guambianas, por su parte, no participan de las actividades organizativas de la comunidad y pueden ser violentadas físicamente sin que generen ningún tipo de respuesta.

Aunque en términos generales la mujer indígena tiene niveles precarios de participación en las organizaciones y muy limitada participación en los espacios políticos o de decisión, se han logrado perfilar varias líderes con suficiente carisma a nivel nacional como voceras de sus organizaciones e interlocutoras con las instituciones del Estado y demás organizaciones sociales. Se destacan aproximadamente unas 4 o 5 mujeres de las etnias Embera Chamí, Arhuaca y Wayuú.  De estas mujeres, una es Diputada en la Asamblea del Departamento de Antioquia, otra ha sido Concejal del municipio de Manaure en la Guajira y otra Alcaldesa de un municipio del Cauca. Sin embargo, en las elecciones al Congreso de la República sólo dos lograron ser consideradas como posibles candidatas pero en renglones diferentes al primero.  A nivel de las regiones, algunas mujeres sobresalen en la lucha reivindicativa, pero son pocas las que han alcanzado niveles destacados o cargos de dirección: sólo una, Teofila Roa, llegó a ser Presidenta del Consejo Regional del Tolima (CRIT) y luego Diputada a la Asamblea Departamental.

Si tenemos en cuenta que los indígenas en las elecciones de 1992 lograron más de 100 cargos a nivel nacional en alcaldías, concejos y asambleas, solos o en coaliciones con otros sectores, vemos como el porcentaje de participación política de las mujeres apenas llega al 3%, con el agravante de que casi ninguna representa de manera específica los intereses y necesidades de las mujeres o no los tienen como eje importante de su actividad.

El espacio político entonces aparece como ajeno a las mujeres.  No así el de la esfera productiva: los proyectos en actividades agrícolas, de confección y artesanías parecen haber copado su atención dada la posibilidad de realizarlos como una extensión de su rol reproductivo. Sólo en los departamentos de Cauca, Córdoba y Sucre hay identificadas 47 asociaciones de mujeres indígenas dedicadas a estas actividades, aunque es difícil precisar su acceso-control de los recursos por ellas producidos, pues en no pocas oportunidades se destinan para atender necesidades comunitarias o para que los compañeros puedan movilizarse o capacitarse en sus tareas de organización.   Se aprecia pues, una clara diferenciación según sexo de las esferas de intervención.

Discriminación de género e identidad cultural

Si consideramos que el género como construcción cultural tiene expresiones diferentes dependiendo de la sociedad o cultura de que se trate,  y que en nuestro caso esta particularidad tiene su origen en la conformación de la región a través de los procesos de conquista, colonización, mestizaje, e independencia, es fácil comprender la necesidad de aportar al reconocimiento de esta diversidad de formas de construcción del ser masculino y femenino; de cómo esa característica "universal" de la discriminación de la mujer tiene modalidades específicas que requieren acciones diferenciadas según su entorno cultural y ambiental, que deben recoger esa diversidad presente aún al interior de los distintos grupos indígenas.

El movimiento y las organizaciones indígenas vienen expresando inquietudes relacionadas con la necesidad de involucrar a las mujeres indígenas en los procesos de organización y lucha por la construcción de relaciones mas justas con el resto de la sociedad y en torno a sus reivindicaciones como grupos étnicos.  Se han desarrollado múltiples intentos por conformar dentro de las organizaciones grupos o programas de mujer, que contribuyan a la orientación de las mujeres y a generar diversos tipos de dinámicas que las involucren en los procesos de organización.  Vale la pena destacar experiencias como la de la Gaitana en el Cauca, o de otros grupos que con fines productivos se han organizado en diversas comunidades, ya sea por iniciativa de las mujeres o de las organizaciones.  También existió el "Programa Mujer" en la Organización Nacional Indígena -ONIC-, recientemente reiniciado aunque sin una perspectiva muy clara,  y se han realizado diversos encuentros de mujeres de orden local, regional, nacional e internacional como intentos para repensarse, identificar necesidades y expectativas comunes, que nunca han logrado tener una clara conducción que permita su proyección en el tiempo y en el espacio. 

La mayoría de estas experiencias han tenido un común denominador: el desconocimiento de la especificidad de las necesidades de las mujeres como género; la falta de claridad en los objetivos y estrategias a desarrollar; la falta de identificación de la raíz de las problemáticas y la falta coherencia, proyección y continuidad en el trabajo y, por supuesto, la falta de compromiso de los compañeros que de manera abierta o velada torpedean los intentos de las mujeres.

Estas y otras razones han llevado estos esfuerzos a un estado de muerte natural o inducida que expresan la falta de voluntad política y compromiso de quienes tienen poder de decisión para incidir en su mantenimiento.  No es gratuito el hecho de que algunas de estas experiencias hayan terminado en grupos aislados de mujeres que se reúnen en algún recodo de la sede de la organización, sin capacidad propositiva o de gestión hacia sus organizaciones y en especial hacia sus compañeras, sumidas en los conflictos internos generados por las luchas de poder de los varones, o luchas estériles de oposición a los hombres que los han prevenido con el fantasma del "feminismo", cerrando toda posibilidad de diálogo o interlocución de las mujeres en igualdad de condiciones.

La dificultad de las mujeres para identificar y cuestionar sus roles, aspiraciones, necesidades e intereses de manera clara, así como la imposibilidad de desarrollar acciones sistemáticas para plantear la reflexión, la discusión y posicionamiento del tema en las organizaciones han entorpecido el avance del trabajo.  De igual manera, las dificultades de permanencia en el sitio de trabajo por problemas personales y/o las dificultades económicas y los recortes de presupuesto, se convierten en obstáculos para el posicionamiento de las mujeres en su trabajo organizativo y reivindicativo.

De otro lado, ha sido clara la incapacidad o falta de voluntad política de las instancias de dirección de las organizaciones  - mayoritariamente masculinas, de estructuras jerárquicas y patriarcales -, para repensarse y permitir el acceso de esa otra forma particular del ser y del hacer: lo femenino.  Toda la dinámica organizativa desarrollada e ideada desde la óptica de los varones, desde su manera particular de concebir el mundo, no ha posibilitado replantear los esquemas y formas de trabajo, la concepción y manejo de las relaciones internas de poder, ni el acceso real de las mujeres (identificación?) a la dinámica organizativa.  Se ha presentado una gran incapacidad para replantear hacia adentro lo que permanentemente se reivindica hacia fuera: el cuestionamiento de las relaciones de poder en la búsqueda de relaciones mas justas, el respeto a la diversidad, la tolerancia, la participación y la autonomía de todos y todas en la toma de las decisiones que afectan sus vidas. He aquí un ejemplo un poco patético:

  • Luis Eduardo González: "Veo que las compañeras tienen dificultades con sus maridos en la comunidad, que no las dejan participar, que por falta de recursos. De la irresponsabilidad de las mismas compañeras vienen los celos a nivel organizativo, las conozco. Qué ha pasado? Un compañero las envía con confianza, si es soltera o es casada, o es señorita,  se ponen de coquetas, empiezan a mirarse por ahí con los hombres. De ahí viene el tal celo infernal, eso es todo el mundo, negro, indio, blanco. Se van a montar en carro, a tomar trago en los cabaret y a eso no las enviaron. Ese es el error de ustedes las mujeres y ahí viene su mala imagen. Yo les recomiendo manejar bien y prestar atención. Yo como Comité les doy este consejo, que no vengan a perder tiempo".

  • Una mujer: "Eso depende de la muchacha, que no son todas!  Ella sabe qué es lo que vino a hacer acá. Ellos no se dan cuenta de que ellos hacen lo mismo, o peor. Lo que si ven es lo que hacen las mujeres, ven maliciosamente"....

Para nadie es un secreto que la participación de las mujeres indígenas en las organizaciones, al igual que en muchos otros sectores sociales, es muy reducida.  Ellas aportan su solidaridad y trabajo permanente, pero casi siempre en actividades de tipo coyuntural, tareas logísticas o de apoyo en las comisiones o secretarías.  En los niveles de decisión o cargos de representación las mujeres tienen poca incidencia, si consideramos que esta ausencia no sólo se mide por la falta de presencia física sino por la imposibilidad de articular sus procesos y necesidades concretas a los planteados por sus organizaciones.  Generalmente la organización exige demasiado y cuando las mujeres logran acceder a los niveles de decisión y participación real, enfrentan fuertes presiones por la dificultad que les representa asumirse con identidad en una cultura diferente y dominante, cuyas exigencias están muy por encima de sus condiciones, encontrando gran dificultad para responder como "se espera":

  • Hombre: "La mujer trata de sobresalir y el hombre le dice usted no es para eso, cállese. Y la mujer se achicopala, y no debe ser así. Desde chiquita a la mujer le dicen que es solo para esto, y se les mete esto en la cabeza. Hay que buscar como cambiar eso, pero depende de la conciencia de parte y parte".

La participación de las mujeres en eventos de capacitación también es reducida. Y aunque ellas reconocen que es precaria por lo "elevado" de los temas y su "desnivel" de conocimientos frente a los compañeros, también son claras al cuestionar la actitud de éstos:

  • Laura: ..."En mi comunidad iba a capacitar a dos mujeres Wounan y una embera. Unos hombres son como atravesados y dijeron que no, que el cabildo necesitaba mujeres de cabeza y de experiencia que representaran en la zona al cabildo mayor. Ellos dijeron que mujer sin estudio no, porque no podía participar". (Bajo Atrato.Comunidad de Marcial- Wounan).

El nivel de participación en sus formas tradicionales de organización como cabildos o consejos es igualmente precaria.  Problemas como los escasos niveles de educación, la imposibilidad de hablar el español o los roles que a nivel de la familia deben desarrollar, se han convertido en factores de discriminación al interior de las comunidades que les impiden el acceso a los espacios de representación y/o toma de decisiones, pues en un mundo que les plantea relaciones desiguales las comunidades se ven obligadas a elegir personas que puedan interlocutar con las entidades oficiales y ello les exige ciertos niveles de capacitación, manejo de las problemáticas y sobre todo de dominio del idioma español.

Josefina Dumasá, una anciana que no lleva la cuenta de los años porque al parecer no le preocupa, ni sabe de sumas o restas, expresa este problema en su propia lengua de manera clara y sencilla:

"Para vender productos ella no es capaz de vender porque ella no sabe hablar, ni sabe contar, entonces lo deja al hombres.  Entonces el se va y lo vende y coge su plata. Algunos hombres es como malos, entonces no entrega a la mujer sino para él lo coge y lo gasta por cuestiones de bebidas, así, aguardiente o biche, empieza a tomar.  Algunos no, con esa plata compran parumas para ellas..."

" O sea, nosotras las mujeres indígenas porque no estamos, o sea, como tiene conformado cabildo mayor. O sea, cabildo indígenas, porque a la vez ella no tiene como hablar español, entonces en esa parte ella no tiene fuerza, ya?.." (Traducción Mariela Lana, embera).

  • Hombre (Bajo San Juan. Comunidad Papayo): "las mujeres echan culpa al hombre y no. Lo que falta es la educación, donde hay educación no se limita la expresión. La mujer no puede hablar con instituciones y no sabe reflexionar. La responsabilidad es de las mujeres, no se han ganado la confianza de los hombres porque se ponen a escuchar chismes cuando las mandan a comisión y el hombre no esta de acuerdo. Por mas que una mujer sea responsable por el chisme se vuelve irresponsable".(El subrayado es mío)

Pero todas estas situaciones no serían un problema si no hicieran parte de las preocupaciones de las mismas mujeres indígenas, si no hicieran parte de sus inquietudes  y sentir:

  • Olga Guática:"Yo diría que vamos muy atrasados en nuestra organización. Hemos discutido en las zonas que los compañeros hombres nos dieron la libertad en tiempos atrasados para participar en la organización. Si los hombres fueran conscientes no estaríamos así. El machismo, solo cocinar, lavar ropa, cuidar niños, o sea que no tenemos derecho para capacitarnos en diferente áreas, igual que ellos".

La mujer indígena se ve abocada a aumentar sus niveles de organización y participación y lo viene expresando como una necesidad en distintos foros y talleres.  Ellas sienten que aportan a los procesos de organización pero que a la hora de la toma de decisiones no son tenidas en cuenta, por lo cual vienen demandando acceso a la toma de decisiones; identifican su papel determinante en la producción pero en muchas oportunidades no se sienten reconocidas o beneficiadas por el producto de su trabajo; de alguna manera vienen cuestionando la forma como se dan las relaciones de poder y autoridad entre hombres y mujeres, problemas de maltrato, etc., pero aún no logran dilucidar el origen de estas contradicciones o conflictos, que plantean la necesidad de estudiar la dinámica interna que se viene dando en estas comunidades y si estos interrogantes obedecen a influencias externas, o son el producto de sus propias dinámicas de reflexión y valoración de su realidad.

El hecho de que las mujeres estén saliendo de las comunidades hacia las ciudades para  no regresar (fenómeno de migración) refleja un proceso de cambio en su mentalidad, necesidades y expectativas, que por el gran impacto que tienen en la cohesión de la cultura, en la valoración de sí mismas y su identidad de género y etnia, ameritan su evaluación oportuna. Dicha situación ha sido abordada desde una óptica cultural o antropológica, mas no desde una perspectiva de género, vista la migración como la confirmación de que la mujer indígena está cambiando de expectativas frente a la vida y busca opciones diferentes a las planteadas por la comunidad.

Existe un gran desconocimiento por parte de las organizaciones indígenas (desinterés?) y del Estado sobre la manera de abordar el trabajo con ella, favorecer su desarrollo y participación.  No existe información específica sobre su situación, datos estadísticos, etc.  Marginadas de la acción estatal raramente aparecen en sus informes nacionales o internacionales relacionados con el avance de la mujer, reforzando la idea de cultura única de mujeres "blancas", que aumenta su marginación de la asignación de recursos, programas y proyectos.  En la mayoría de los casos se adoptan proyectos que parten de análisis superficiales sobre las necesidades inmediatas que no tienen en cuenta sus particularidades de género; proyectos de escaso impacto y pocas posibilidades de subsistencia que en muchas oportunidades fracasan porque, entre otras cosas, les crean sobrecargas adicionales.

Todos estos cambios y situaciones muestran la necesidad de realizar estudios y diagnósticos sobre la situación de la mujer, la incidencia de los procesos de cambio en sus relaciones con el otro, con la comunidad y con su entorno, que permitan elaborar propuestas concretas de trabajo hacia las regiones y que puedan ser presentadas a los organismos del Estado o entidades internacionales para lograr su compromiso y apoyo.  Reconociendo que las comunidades están en un proceso constante de construcción - negación y afirmación de identidad, los estudios deben perfilarse como un aporte al fortalecimiento de esta identidad, en el marco de las relaciones que actualmente se plantean con la sociedad dominante.

Hay inquietudes que necesitan respuesta: cuál es la noción o construcción del género en las comunidades indígenas; cómo son los modelos de socialización y asignación de roles en la construcción de las identidades masculinas y femeninas, cómo se articulan estos roles y encuentran justificación en su concepto de identidad cultural; cómo afectan o determinan la participación de unos y otras en la vida comunitaria, política y social, su capacidad de acceso y control de recursos; cuál es la valoración que hombres y mujeres tienen de éstos y cómo se manifiesta el ejercicio del poder en las relaciones de género; cómo se manifiesta el control de la sexualidad y la reproducción femenina. Cuál es la situación específica de la mujer india (condición y posición), cuál su aporte a los procesos de cambio y defensa de la identidad cultural, ciclo de vida y cotidianidad.  Cómo han incidido los cambios culturales en la transformación de las relaciones de género y cuáles son las tendencias actuales y su incidencia, con el fin de detectar necesidades y áreas de dificultad que deban ser consideradas a la hora de diseñar proyectos que involucren a las mujeres o se dirijan a ellas. ¿Cuál es su aporte a la construcción de nuestra identidad cultural y de género en esta nación pluricultural?

La identificación de problemáticas y necesidades es un paso fundamental para la construcción de estrategias que permitan el acceso de las mujeres indígenas a recursos, programas y proyectos, no sólo dentro de la dinámica de las organizaciones, sino dentro del contexto de la implementación de las políticas gubernamentales hacia las mujeres. Por lo tanto, esta labor sería un valioso aporte de elementos de trabajo a las organizaciones, al Estado y al desarrollo de los estudios de género desde lo étnico, que facilitaría el proceso de auto identificación de las mujeres con miras a su contribución para que sus organizaciones y las comunidades asuman la reflexión sobre los factores que vienen afectando y transformando las relaciones de género y la vida de las comunidades.  Habría que hacer un énfasis en la mirada desde las mujeres, desde sus preocupaciones y niveles propios de desarrollo, en la perspectiva de potenciar la comunidad con su aporte.


[1] Correa, Francoise.  Relatos míticos Cubeo.  Ed. Servicio colombiano de Comunicación.  Bogotá, 1992. P. 45 ("Incesto de Luna").

[2] Cifras extraoficiales proporcionadas por la Organización Nacional Indígena ONIC.

[3] Realizado en el año de 1990,

[4] Fuente: Piedad Helena Osorio, colaboradora del Consejo Regional Indígena del Tolima -CRIT-

[5] Miembro del Comité Ejecutivo de la OREWA.  Apartes de su intervención durante el Seminario sobre situación de mujer indígena Embera. OREWA -PNUD. Quibdó, abril 7-10/94.

[6] Intervención de delegado de una comunidad indigena al Seminario sobre situación de mujer indígena Embera, cuyo nombre la autora no pudo establecer. OREWA, Quibdó, abril 7-10/94, PNUD.

[7] Planteamiento hecho por algunas mujeres en el Tercer Encuentro Nacional de Mujeres Indígenas.  Bogotá, ONIC, junio 27/94.

[8] Ibid.

[9] De la comunidad Embera de El Playón, localizada en la selva chocoana sobre el río Capá, afluente del Atrato.

[10] Ibid.

[11] Seminario sobre situación de mujer indígena Embera. OREWA- PNUD, Quibdó, abril 7-10/94.

 


   

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